50 años de La Leyenda de la Ciudad sin Nombre

Los últimos territorios salvajes

1969 fue hace 50 años (cuento con los dedos). Un año increíble en el que ocurrieron cosas increíbles. El hombre llegó a la Luna y… el hombre llegó a la Luna…

En el cine también, se estrenaron películas inolvidables como «Si hoy es martes, esto es Bélgica», «Allá lejos y hace tiempo» o «Las pirañas aman en cuaresma», pero permitidme hablaros aquí de la película de culto de ese año: «Paint your wagon» (pinta tu carro) que la censura española, siempre atenta y seguramente considerando subversivo el título anglosajón, tradujo por «La leyenda de la Ciudad sin nombre».

«A mí me vendió un hombre
que tenía dos esposas.
¿Por qué una mujer no
puede tener dos maridos?

Corría 1969 y algunos personajes ilustres habían tropezado últimamente cayendo por las escaleras, como John F. Kennedy (1963), Malcolm X (1965) o Martin L. King  (1968). El movimiento jipi estaba en pleno apogeo contra la guerra de Vietnam y en plena batalla de las flores en la Alameda.

En ese contexto Josua Logan dirige una adaptación de la obra de teatro (Paint your wagon) estrenada con un par en pleno Mccarthismo. La película, un híbrido de western y comedia musical protagonizada por Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg, es seguramente el mejor retrato de la conformación de la sociedad norteamericana, con “El nacimiento de una nación” y “Las uvas de la ira”.

En una escena increíble para la época, Elizabeth (Jean Seberg) que ha sido vendida por su esposo, un mormón con dos mujeres, pregunta a los dos protagonistas: «Yo estuve casada con un hombre que tenía dos mujeres. ¿Por qué una mujer no puede tener dos maridos? Os quiero a los dos y no pienso renunciar a ninguno». La felicidad de esa inocente comuna de 400 hombres se ve alterada por el hecho de que ella es la única mujer en cien millas a la redonda, por eso el “socio” (Clint Eastwood) propone traer más mujeres y convertir el campamento minero en una ciudad opulenta y próspera: «Si queréis convertir este campamento en una ciudad floreciente y llena de millonarios, solo tenéis que traer el juego y la prostitución». La historia de América en estado puro.

Pero todo se tuerce cuando llegan a la ciudad el puritanismo y el Estado. Los falsos predicadores, con su falsa moral:

– «¡Sois unos animales, unos fornicadores.
–¿qué es un fornicador?
–No lo sé, no soy hombre religioso
».

O cuando el hijo de colonos cuáqueros que acogen en su casa, al que Ben ha llevado a escondidas al Saloon, le dice a su padre a la vuelta:

– «Si no te bebes un buen trago de whisky y te fumas un buen puro, te pierdes algo muy importante en esta vida.
–¡Dios mío!, ¿y qué será lo siguiente, llevarlo con mujeres?
–Eso es lo mejor, papá
».
–«Señor Ramson, ¿ha leido usted la Biblia?
–Sí señora, la he leído.
–¿Y no le animó a dejar la bebida?
–No, pero me animó a dejar la lectura
».

Como musical tiene títulos memorables entre los que destaca “I’m on my way”, “Elisa” y sobre todo “Estrella errante”, una balada nostálgica interpretada por Lee Marvin justo antes de tener la brillante idea que acabará  destruyendo toda la ciudad.

Si habéis visto la película, su cincuentenario es un buen momento para revisitarla. Y si no la habéis visto, también es una buena ocasión para hacerlo. No os la perdáis.

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