8-M. Día internacional de la mujer trabajadora

Padme Amídala

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Una curiosa historia sobre capitalismo y machismo

Demasiado a menudo las «verdades científicas» solo son  prejuicios de científicos y «expertos» cuyo objetivo es perpetuar la opresión de clase y género.

LP3-Marzo 2017. Hola. Soy Padme Amídala, Fallera Mayor de Naboo, allá por las afueras de l’Horta Sud. Soy bióloga pero, como a casi todas las mujeres, se me conoce más por ser “esposa de” que por mis méritos.

Aunque supongo que en mi caso está justificado porque mi gordi, el Darth Vader, es un gañán como para darle de comer aparte. ¡Qué vergüenza!

Ahora se ha ido de despertà con mi cuñado, el Sauron, y me han dejado a cargo de esta sección, así que la aprovecharé para celebrar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Estos días se hablará mucho de por qué se instauró el 8-M, de la liberación de la mujer, de desigualdad, de grandes mujeres ninguneadas en ciencias, en literatura… y desgraciadamente también de asesinatos machistas y muchas otras cosas que por falta de espacio se contarán más y mejor que aquí. No dejéis de leerlo. Así que yo voy a hablaros de algo diferente, de una curiosa historia de justificación “científica” del capitalismo y el patriarcado que posiblemente no conozcáis: por qué las jirafas tienen el cuello tan largo.

Sé lo que estáis pensando y no, no estoy vestida de fallera. El traje de fallera en Naboo es el mismo que el de valencia, que lo sepáis. Solo estoy arreglá pero informal para hacer las cosas de casa: el feminismo no está reñido con la elegancia y el saber estar.

El cuento de las tres lumbreras

Me acompañan hoy tres eminencias científicas: Jean-Baptiste Lamarck, Charles Darwin y Eduardo Punset. Antes que nada os los voy a presentar:

LamarckLamarck creía que los caracteres adquiridos en vida de un organismo pasaban a su descendencia. Nacido en una familia de militares, creía fervientemente en la meritocracia y el esfuerzo personal, creencias que trasladó a su visión general de la Naturaleza. Gran naturalista, anticipó en 50 años en su Filosofía Zoológica algunas ideas que ahora se le atribuyen a Darwin.

Darwin

Darwin por el contrario decía que nacemos todos diferentes y que la Naturaleza (y la sociedad) nos “se

lecciona”. Para sus seguidores neodarwinistas (y neoliberales), como estamos programados genéticamente, el que vale, vale, y el que no pa ministro o a llorar a la iglesia.

PunsetPunset en realidad no pinta nada aquí. Es solo un tonto que es feliz con un lápiz en la boca y que se cuela en cualquier sitio sin venir a cuento.

Una absurda controversia sobre jirafas

A pesar de los dibujitos que aparecen en infinidad de libros de texto, el debate entre Lamarck y Darwin sobre el largo cuello las jirafas nunca ocurrió. La historia, además de falsa, es absurda. Si las jirafas más bajitas se morían en tiempos de hambruna porque solo se alimentan de hojas de acacia (“están adapatadas a”, dirían los neodarwinistas), también debieron morirse todas las crías y las hembras, que miden aproximadamente medio metro menos.

Como esa historia no se sostenía y posteriormente se observó que mientras los “jirafos” comían de las hojas más altas estirando el cuello, las hembras jirafas comían cómodamente de las que tenían a su alcance, la explicación pasó a ser la lucha por la reproducción: los jirafos intentaban seducir a las jirafas con una demostración de poder físico y musculitos. Según esta nueva teoría, por alguna extraña razón las hembras jirafas, pasivas y bobas, prefieren copular con el ciclao del grupo para asegurarse una descendencia sana y robusta. Como además los machos tienen la costumbre de golpearse de vez en cuando con los cuellos como quien echa un pulso (no hay violencia, nunca llega a ser lucha ni nada), la explicación estaba servida: una variante del combate de los ciervos durante la berrea por ver quién es el macho alfa del harén.

JirafasAbrid cualquier libro de texto y aparecerá el dichoso dibujito de las jirafas; preguntadle a cualquier profesor de ciencias y os dará una de las dos explicaciones. La Güiskipedia pontifica que «los machos establecen una jerarquia combatiendo con el cuello (incluso tiene un nombre: necking), y solo el macho dominante puede aparearse con las hembras». La Güiskifaunia aporta dos detalles interesantes: el primero es que las jirafas no tienen problema en adaptarse a otro tipo de alimento: hojas de otros árboles e incluso hierba (sí, esa cosa que está a ras de suelo, tan lejos de las alturas). La segunda es que las «“manadas de jirafas” están “dominadas” por el macho alfa peroguiadas” por una hembra mayor”». ¿cómo se come eso, defendiendo lo indefendible? ¿nos reímos?

La realidad es muy diferente a lo que nos cuentan: las jirafas no viven en harenes.  Las hembras viven en grupos ocupando un amplio territorio en cuyo centro se encuentran zonas resguardadas que emplean como paritorios, y se encargan colectivamente de la seguridad contra los intrusos, protegiendo a las crías y a las madres durante el parto. Mientras son jóvenes, las jirafas de ambos sexos conviven con ellas hasta que, alcanzada la madurez, los machos se suelen independizar, generalmente en grupos, debilitándose el vínculo territorial y vagando por la sabana en “bandas juveniles”. Una vez adultos, habitualmente llevan una vida más solitaria. Aunque también es frecuente que se mantengan los lazos familiares y vivan en grupos machos, hembras y crías juntos.

La característica de la vida colectiva de las jirafas es su variedad y versatilidad. No hay ninguna evidencia de que las jirafas solo se apareen (ni que prefieran aparearse) única y exclusivamente con el supuesto macho alfa, ni que el cachitas del grupo domine o mande más que la hembra mayor.

La ¿ciencia? como arma de dominación

¿Entonces por qué aparece este cuentecillo en todos los libros de texto? Pues sí, lo habéis adivinado: se trata de proyectar y “encontrar en la Naturaleza” las leyes y relaciones dominantes en la sociedad capitalista y patriarcal para justificarlas: presentar la lucha por la supervivencia de unos indivíduos contra otros por recursos limitados como el motor exclusivo de la Evolución (en la naturaleza) y del Progreso (en la sociedad). Y la lucha de los machos por transmitir sus genes, su estirpe (su herencia, ¿lo pilláis?), utilizando para ello a las hembras como meros instrumentos, como receptáculos de su simiente. Es el orden natural e inalterable de las cosas: “la Naturaleza es así y no se puede ir contra ella”.

Así que la próxima vez que veáis esa ilustración en un libro de texto, explicadle a vuestros hijos e hijas que nada de lo que cuentan es verdad. Y si pensáis que es un caso aislado o “desafortunado”, que existen otros muchos ciertos, estáis equivocados: la mayoría se escogen sesgadamente con este fin, y encima muchos están manipulados. Por ejemplo el de los “harenes” de los ciervos, mencionado anteriormente. Un estudio genético demostró ya hace años que en varios casos estudiados la mayoría de las crías no eran hijas del macho dominante. ¿Sorprendidos? Si se hiciera un estudio genético en humanos probablemente también se demostraría que muchos de los vástagos de los hombres ricos y poderosos no son hijos suyos sino del chófer, del jardinero, del profesor de tenis, del preparador físico…

¿Y por qué la “comunidad científica” mantiene esta farsa sin inmutarse? La respuesta me la dio un colega biólogo (y naturalmente neodarwinista convencido) al conocer la investigación sobre las ciervas:

–¡Pero qué putas!

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