Cine: Criando ratas

Un viaje al universo “neoquinqui”

LP 2-Febrero 2017. Una de las películas revelación del año, Criando ratas de Carlos Salado tiene todos los ingredientes del que se conoce ya como “cine neo-quinqui”: rodado con actores no profesionales, un rodaje de seis años salpicado de anécdotas al más puro estilo “Deprisa Deprisa” de Carlos Saura.

En aquella ocasión, la “pasma” se llevó al protagonista en pleno rodaje. En ésta se tuvo que interrumpir durante  el “año de trullo” del protagonista.

Criando ratas cuenta magistralmente varias historias cruzadas en un barrio marginal de Alicante, que podría ser el de cualquier gran ciudad del país. Historias de pobreza, marginación, delincuencia, prostitución, robo, asesinato,…

Pero ahí acaban las posibles comparaciones con el cine “quinqui” español de los ‘80 (la ya mencionada “Deprisa Deprisa”, “Navajeros”, “Colegas”, “Yo, el Vaquilla”,…) o cintas más recientes como la memorable “El niño”.

Aquí no hay una historia cerrada, un “planteamiento, nudo y desenlace”, sin una foto fija, un retrato de un momento en el discurrir de la vida –y la muerte– de los personajes que deambulan por el barrio, sin futuro ni esperanza. Un mundo en el que no hay redención ni salvación posible.

Tampoco hay una historia de amor que asome por las costuras asfixiantes e hilvane alguna de las múltiples tramas. Ningún contrapeso que dé respiro a la vorágine de sordidez y violencia que acompaña al espectador minuto a minuto. Apenas un par de notas de humor, que aporta el personaje más friki, intentando desesperadamente conseguir veinte pavos para echar un polvo.

Carlos Salado consigue en esta película que sea prácticamente imposible empatizar con ninguno de los personajes, ni siquiera con los más débiles y machacados. Desde luego no con “Cristo” –todo un personaje del protagonista, Ramón Guerrero–, pero tampoco con la prostituta rusa que provoca un desenlace inesperado y desastroso. Si acaso con el chiquillo robapalomas, consciente en un determinado momento de la película de que su vida es un callejón sin salida y termina un monólogo casi ininteligible exclamando el resumen de Criando ratas: «¡Esto es una mierda!».

Lo fascinante de la cinta es que, con la aparición de los créditos, uno siente que no hay fraude, ni siquiera exageración, sino de haber asistido a una representación fiel, real, sin maquillaje ni épica ni moraleja alguna, de un mundo que existe y no queremos ver.

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