El gobierno prohibirá las terapias alternativas en centros de salud públicos


Cágate lorito con las explicaciones del ministerio

No nos ponemos de acuerdo en la redacción sobre el asunto de las terapias alternativas. Aquí hay desde quien hace reiki y constelaciones hasta quien se mea de risa cada vez que oye ayurveda o kundalini. Sí, ya lo habéis adivinado: este último es Sauron. Pero no os preocupéis, en este número está castigado.

Al final, este artículo me ha tocado a mí porque soy la única con un pensamiento científico crítico, porque reúno el 95% de todas las neuronas de la redacción, y porque soy la única que no escribe omeopatia, homopatía o hacumpuntura. Así por lo menos no os sangrarán los ojos.

Y otra cosa: estáis de suerte, Sauron se ha negado a dibujar cualquier cosa que no fuera una enfermera sexy haciéndole un tacto rectal a Darth Vader, así que he tenido que echar mano de El Roto.

A grandes rasgos, hay tres posturas:

a) Los que opinan, como la ministra de Sanidad y la industria farmacéutica, que todas las terapias alternativas (acupuntura, homeopatía, naturopatía, etc.) son seudoterapias sin base científica alguna y que, incluso, pueden suponer un riesgo para la salud, y por tanto deben ser prohibidas.

b) Los que reen y confían en esas terapias basadas en concepciones espirituales o energéticas del ser humano, y se han beneficiado, o creen haberse beneficiado,  de sus efectos positivos.

c) Los que defienden la naturaleza psico-fisiológica del ser humano, y por tanto la necesidad de tratar los problemas de forma materialista e integral desde esa doble dimensión. Una base material fisiológica y una dimensión psicológica o mental íntimamente interrelacionadas. De ahí la gran importancia no solo del cuerpo sino también del entorno social, de la nutrición, respiración, hábitos, ejercicio, actitud mental, etc. Partiendo de la base material, ambos aspectos se relacionan, son interdependientes y se influyen mutuamente. Quienes defienden esto desconfían tanto del reduccionismo a la medicación de unos (la medicina oficial) como de las elucubraciones místicas de otros.

Como no os quiero aburrir y tampoco quiero meterme en un jardín tan grande en tan poco espacio, solo abordaré la primera parte del tema: como y por qué se abre ahora este melón.

 

El pistoletazo de salida

Tirando de hemeroteca, la liebre de esta última ofensiva saltó a principios de 2018 con una serie de artículos presionando para que se prohibieran las seudociencias. Uno de los de más repercusión tuvo, y que tomo como referencia, es: “La acupuntura no sirve para nada, ni siquiera para las contracturas” (El País, 22/3/2018).

Lo primero que sorprende es que la autora, Cristina Bisbal, no tiene ni puta idea de lo que habla. Mejor dicho, es la típica experta en nada y que larga de todo, como una tertuliana de programas de telebasura. Una ignorante atrevida cuyo mérito es reflexionar de oídas sobre cosas tan trascendentales para el futuro de la humanidad como “Por qué Crisitano Ronaldo escupe y Rafa Nadal no” o si “las embarazadas pueden comer o no jamón serrano”.

Lo segundo, es que miente. En ningún momento, basándose en las declaraciones literales de los expertos que consulta, se deduce la afirmación del título. La mayoría de informes dicen que “no existen evidencias científicas suficientes” o “hacen falta más estudios”. Alguno, como José Antonio López2, dice: “La ciencia ha demostrado que la acupuntura no sirve para nada” basándose en algunos estudios y rechazando otros, por ejemplo de la Univ. de Cambridge. En cualquier caso, si su postura acerca de la acupuntura está a la altura de sus conocimientos científicos: me fío más de Leticia Sabater.

Los informes de los expertos

Como dijo S. Freud: «Es un error suponer que la ciencia solo se basa en pruebas irrefutablemente demostradas y sería una injusticia pretender que así sea. Tal exigencia es signo de quienes tienen necesidad de sustituir un catecismo religioso por otro pretendidamente científico».

Pero hay más: los informes y estudios que manejan tanto los expertos consultados como el propio ministerio provienen en su mayor parte de la Fundación Cochrane. Una prestigiosa organización de estudio y análisis, con miles de colaboradores reclutados entre cientificos y expertos de todo el mundo de forma independiente y desinteresada. Así era al menos antes. Ahora su prestigio le viene de gobiernos y, sobre todo, de la industria farmacéutica. Hace uns meses expulsaron a Peter Gotzsche3 director de Cochrane para los países Nórdicos, por denunciar prácticas poco éticas (informes falseados, ocultación de información que pudiera perjudicar los intereses de las farmacéuticas…), incompatiblididades y conflictos de intereses (científicos que validan medicamentos de empresas para las que trabajan…) y presiones y chantajes a grupos de estudio (retirada de subvenciones, cortes de financiación, ocultación de informes negativos, infiltración de colaboradores a sueldo de las farmacéuticas…). Pues bien, ésa es la fuente independiente y fiable de información en que se basa el ministerio para legislar no solo contra las seudociencias, sino también para autorizar la comercialización de productos farmacéuticos o quirúrgicos. Como las famosas prótesis defectuosas o tóxicas que están provocando miles de afectados y víctimas, un escándalo que ha saltado hace pocos meses y que la impresentable ministra de Sanidad despachó dicendo que solo era “un fallo anécdótico”. O permitiendo la retención de medicamentos para tratamientos oncológicos con el fin de aumentar su precio, una práctica criminal de la propia empresa productora.

¿Qué buscan las farmacéuticas?

Una de las críticas en que se basa esta campaña contra las terapias no reconocidas oficialmente es que los pacientes las usen como alternativa y no de forma complementaria, y abandonen los tratamientos oficiales. ¿Qué hay detrás de esto, el sano interés por la salud del paciente o el miedo a perder ventas?

Una de las conclusiones más alarmantes a la que se llega es que el sistema sanitario y los responsables políticos  funcionan bajo las directrices de la industria farmacológica y que el objetivo de ésta es tratar los síntomas pero no curar al enfermo, para producir una sociedad de enfermos crónicos dependientes de tratamientos cada vez más largos y costosos. La industria no produce medicamentos: produce enfermos. Uno de los métodos es tratar una dolencia con un medicamento específico y provocar unos determinados efectos secundarios. Por ejemplo recetar, para una afección cutánea o ardor de estómago, medicamentos que perjudican el normal funcionamiento del hígado o los riñones, provocando así una nueva dolencia y creando un consumidor para un otro medicamento. Ya lo dice el humor popular: «cada vez que voy al médico salgo con una enfermedad nueva».

En resumen, no se trata de defender o no la acupuntura, la naturopatía, la homeopatía o el reiki (no me tiréis de la lengua, no queráis saber mi opinión personal sobre todo esto…), se trata de exigir transparencia, honestidad e independencia a investigadores y políticos.

Lo de los transgénicos, también en el centro de estas tormentas, tiene bastante relación con el tema y mucha miga, y más desde que Bayer compró Monsanto, lo dejo para otra ocasión.


José Antonio López2. José Antonio López es director de Cultura Científica en el Severo Ochoa y profesor e investigador en la UAM. Luego repasas sus declaraciones en prensa y televisión y llegas a la conclusión de que, con todos sus títulos, además de bastante inepto como comunicador es un reaccionario admirador de Richard Dawkins (El gen egoísta) y su visión proto-fascista de la naturaleza y de las relaciones humanas. Y por si fuera poco, un demagogo en su argumentario en defensa de los transgénicos.


Peter Grotzsche3. Peter Gotsche es un investigador médico danés. Hasta octubre de 2018 fue miembro del Comité directivo y de Colaboración del Cochrane, el principal refernete de análisis y estudios médicos del mundo. Su expulsión fue debida a que denunció las irregularidades y manipulaciones de informes en favor de empresas farmacéuticas y los conflictos de intereses en la realización o aprobación de estudios e informes por parte de investigadores a sueldo de esas mismas farmacéuticas.


Entrada Auschwitz

Cuando la industria justifica los precios desorbitados de los medicamentos por los altos costes de las investigaciones, siempre me acuerdo de lo que le costó la investigación a Bayer, la principal farmacéutica mundial y ahora dueña de Monsanto, durante el nazismo, y que sus propietarios fueron juzgados, “perdonados” y siguen siendo los mismos. Sin palabras.

Correspondencia de Bayer con Auschwitz

1. Carta de Bayer al comandante de Auschwitz: «Le estaríamos muy agradecido si pusiera a nuestra disposición cierta cantidad de mujeres con vistas a unos experimentos que deseamos hacer con un nuevo “narcótico”».

2. «Hemos recibido su respuesta. El precio de 200 marcos nos parece excesivo. No podemos pagar más de 170 por cabeza. Si están de acuerdo necesitaríamos unas 150».

3. «Hemos recibido el envío. Aunuqe están en mal estado físico, creemos que servirán. Ya les informaremos de los resultados de los experimentos».

3. «Experimento realizado. Todas las mujeres han muerto. ˙o tardaremos en pasarles otro pedido».

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