España se forra vendiendo armas ilegalmente

El puto amo de arabia saudita encarga a sus amiguitos del alma armas a tutiplén

«Proporcionadme un ejército digno de Mordor», dice

¡Y hala! Tol mundo perdiendo el culo para cumplir sus deseos. «Si no lo hacemos nosotros lo harán otros», dijo Cristóbal Montoro y dice ahora el Kichi. Qué más da.

El Estado español lo tiene chungo. O les entrega las 400 bombas obsoletas que nos revendió EEUU de su tienda “outlet”, tal como prometió Morenés “lengua viscosa”, o el rey Salmón de Arabia amenaza con rescindir la compra de mogollón de armas, entre ellas 5 fragatas 5 a Navantia, y parte de sus trabajadores se irán al Ere. Eso sin contar trenes, infraestructuras, y las correspondientes comisiones corruptas del rey benemérito y la empresa pública Defex, dedicada a cobrar mordidas en los presupuestos de guerra.

Como la industria militar nacional no puede competir con la estadounidense, con todos esos aparatitos voladores llenos de lucecitas y botoncitos, pues fabrica cosas de matar de cerca, más primitivas pero mucho más emocionantes.

Cosas de escaso valor añadido, hasta que el príncipe heredero saudí ha llegado al rescate: el asesinato del periodista del Washington Post, Jamal Khashoggi, no solo ha puesto de relieve el doble rasero occidental, donde la muerte de “uno de los nuestros” vale más que la de 50.000 yemeníes, sino que también ha puesto de moda una forma de matar más cálida y cercana, más familiar, entre mafiosa y borgiana (de los Borgia, no de Borges). El encanto de lo retro, lo “vintage”. Artesanía pura. Un terreno en el que España y sus ricas y diversas nacionalidades se mueve como como pez en el agua.

Aunque Javier Krahe se inclinó por “la hoguera”, en cuestión de armas blancas y chismes de torturar pocas civilizaciones (con perdón) nos hacen sombra. Naturalmente, las hay mucho más sanguinarias y salvajes. Baste mencionar los hornos crematorios nazis, la guillotina o la bomba atómica, pero ninguna ha rozado la excelencia artística española en la fabricación y manejo de las armas blancas. El cariño y la profesionalidad del oficio de matar como una de las bellas artes, por mucho que Thomas de Quincey la refiera a los zafios ingleses.

Ya en la antigüedad eran famosas las hojas celtíberas forjadas con hierro hispano. La falcata íbera se extendió por todo el Mediterráneo gracias al  comercio con fenicios y griegos. Posteriormente, la espada hispana fue adoptada por las legiones romanas bajo el nombre de Gladius (gladio) hispanensis.

¿Y qué decir de todas las cosas de pinchar, cortar  y mutilar de la época imperial, o los aparatitos de torturar de la Inquisición? La creatividad de un brainstorming del Santo Oficio dejaría al departamento de innovacion de Apple a la altura de un episodio de los teletubis. ¿O de la herencia más perdurable que nos dejó la invasión napoleónica: el perfeccionamiento del sistema de siete muelles de la navaja de Albacete, verdadera cumbre de la ingeniería española?

Armas íberas
Falcata “Viriato”, producida en los altos hornos de Vizcaya, Gladio “Murviedro”, de los a. h. de Sagunto; Aplastacabezas “Torquemada”, de los a. h. de Marbella y la navaja de siete muelles “Muchachada Nui”, de los a.h. de Albacete.

Por eso nuestros reyes, el de copas y el de bastos, tomaron la delantera a sus competidores y se plantaron en La Meca con un catálogo de productos al que unos buenos decapitadores profesionales como el Rey Salmón y su mini-yo Mojamé serían incapaces de resistirse. El hijoputa de Morenés les regaló un kit completo de tortura “Torquemata Premium Suprême” al príncipe heredero quien, tras desollar vivo a un niño yemení, exclamó jubiloso:

–«¡Joder, caguendiós! Esto sí que mola, se pela solo, que al Kashoggi lo tuve que despellejar con un pelador de bellotas del khebab. Como estaba en Turquía…».

Tan entusiasta ha sido el acogimiento que hasta los americanos han encargadouna partida de aparatos de tortura para sus cárceles en Guantanamo, Abu Grahib y Rota. El alcalde de Cádiz y varios dirigentes sindicales han mostrado su agradecimiento a Morenés por el pedido, que asegura la “carga de trabajo” de Navantia y los empleos de la bahía por varios años: «Nosotros fabricamos cosas. Como se vayan a usar, ya tal».

Los reyes consortes, padre e hijo, han ordenado al gobierno volver a poner en marcha los Altos Hornos de Sagunto, Vizcaya, Gijón, Marbella e Isengard para hacer frente a la cartera de pedidos.

 

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