La modificación genética no es selección natural

Algunos “expertos” confunden el culo con las témporas

Abejas comiendo glisofatoLP13-Enero2017. Como se ha puesto de moda entre algunos “expertos” el tratar a los antitransgénicos en general como paletos contrarios al progreso, vamos a intentar rebajarnos a su nivel (la cosa es difícil) para responder aquí a dos de sus argumentos más comunes: que la manipulación genética se ha hecho “desde siempre” y que es una contradicción decir que existan semillas estériles y que al mismo tiempo se denuncie la contaminación cruzada de ogm (organismos modificados genéticamente) con cultivos tradicionales.

Antes que nada, aclarar que no soy “antitransgéncia” por principio, y que si repite el Sr. López en esta sección es porque su argumentario (y de E. Fdez.) es de manual a la hora de debatir.

Manipulación génica y selección

Primero, dice que la manipulación genética existe desde el nacimiento de la agricultura (y la ganadería) para mejorar las especies. Falso. Lo que existe es la selección artificial en la domesticación de especies. El cruce de indivíduos seleccionados artificialmente por el agricultor o ganadero por sus características fenotípicas (externas, físicas, observables y medibles) para producir más semillas, más frutos, más leche o más carne, o con determinadas características, o mayor resistencia a condiciones adversas (frío, sequía, etc.). De la selección artificial no deriva la inserción de genes de araña en cabras para producir seda con su leche, por ejemplo.

Segundo, es cierto que no se puede decir que se producen semillas estériles para obligar a los campesinos a comprar semillas en cada siembra y al mismo tiempo que esas semillas “contaminan” los campos tradicionales de su entorno. Para empezar, las semillas “terminator” no se han comercializado todavía pero se han estudiado, producido y patentado con ese fin. Tiempo al tiempo. La intención, los medios y el producto ya están ahí.

El problema es que TODO esto está dirigido al máximo beneficio de las empresas y por intereses políticos generalmente en manos de poderosos estados con prácticas imperialistas. Y no orientados al bienestar social, en beneficio de la humanidad. Además se comercializan productos cuyos efectos no han sido suficientemente testados, como los que combaten las plagas de insectos y afectan a las abejas. Incluso productos cuyos efectos perjudiciales sí conocen pero ocultan para no mermar sus cuentas. O peor: utilizan las plagas que dicen combatir en “guerras agrícolas”: extienden una plaga y venden a continuación el “remedio”. ¿Ciencia ficción? Esto ocurrió en los 80 y 90 en Cuba en al menos 8 plagas que afectaron a aves, cerdos y cultivo de caña. Salvo que allí no vendieron el “antídoto”.

Cantar las excelencias de los transgénicos sin partir de quién los desarrolla y para qué es todavía más peligroso que desconfiar por principio de unos avances científicos que sin duda pueden aportar, en oras condiciones muy diferentes, muchas cosas positivas a la humanidad.

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