Carta de la Padme

Por decisión de la asamblea, el becario se toma un merecido (y necesario) descanso

Baja en combate

La Cigarra y la Hormiga, Roberto y Pepe, se encargarán temporalmente de Cultura y Economía.

Lamento comunicaros que nuestro queridísimo becario, el alma de todas las fiestas, el perejil de todas las salsas, el puntito de todas las “íes”, el que inspiró la frase «pa qué me invitáis si sabéis como me pongo», sufre un terrible y misterioso mal que lo va a tener apartado temporalmente de La Publicación por decisión de la asamblea, para que pueda descansar, recuperarse y volver con las pilas cargadas.

He creído necesario informaros aquí porque much@s conocéis –y me consta que apreciáis– a nuestro director-dibujante-redactor, relaciones públicas, alma y guía de la revista. De hecho la mayoría, por no decir casi tod@s, nos conocéis gracias a él.

Famoso por cierrabares profesonal, por empalmar amaneceres en conversaciones inagotables (o agotadoras), por autoinvitarse a todos los saraos y apalancarse por su cara bonita findes enteros en casas de propios y extraños (algun@s podéis dar fe), hasta principios de mayo estaba dándolo todo, como siempre, pero cuando teníamos la edición por la cintura ha sufrido una transformación extraña y radical y ha entrado en barrena total. No hay forma de que escriba una sola palabra ni de que dibuje una sola línea. Se pasa las horas apapachando a la Nai y diciendo que la gata es la única que lo entiende.

Así que lo hemos enviado a descansar a su “gran bosque de las hadas, donde las alondras desperezan al sol y las ardillas cruzan el cielo en globo” como suele decir.

Es temporal, sin duda, pero no sabemos si serán días o semanas… No parece ser algo físico, aunque por su avanzada edad y sus conocidos excesos no descartamos nada.

Nuestra psicóloga argentina y loquera de cabecera no cree que sea algo mental tampoco: «Desde siempre, la pobre criaturica tiene por cerebro un botijo rebosante de fuego valyrio. Necesita terapia pero cualquiera se adentra en esa puta maraña loca que tiene por cabeza. No ha mejorado pero tampoco había empeorado hasta ahora, así que no tengo ni idea de qué cable se la ha cruzado de repente».

Yo, que  lo conozco bien, sé que es cosa del alma. Demos tiempo al tiempo, a ver qué pasa.

Esto no será lo mismo sin él. De momento nos hemos quedado sin su reportaje de las elecciones (no hay mal que por bien no venga). Para llenar su vacío hemos fichado refuerzos aunque decía Brassens que es tarea imposible rellenar un agujero en el agua.

Él está bien cuidado y esperamos recuperarlo pronto, no os preocupéis. Mientras tanto La Publicación está en buenas manos: las mías. Confío en daros buenas noticias en el siguiente número. O mejor aún, que os las dé él mismo.