Centenari de la revolució d’octubre

LP6-Dic 2017

Vodya, una niña fallecida por la radiación en Chernobyl, se encuentra en el cielo con Alexis y Sergei, dos viejos bolcheviques.

Vodya: El experimento socialista en la Unión Soviética ha fracasado.

Alexis: Así es.

Vodya: ¿Y qué conclusión sacar del naufragio? A lo mejor, los principios fueron siempre incorrectos. A lo mejor es cierto que la justicia social, la justicia económica, la igualdad, la comunidad, el fin de las relaciones amo-esclavo, la extinción del estado, son cosas deseables pero imposibles de alcanzar en la tierra.

A lo mejor el fracaso del socialismo en el Este solo indica que todo intento de organizar de manera más equitativa y racional la producción y distribución de la riqueza de las naciones era una inadecuada y absurda locura criminal. Y que el caos, las crisis de mercado, ricos y pobres, colonialismo y guerra serán lo único que veremos siempre.

A lo mejor, incluso, el naufragio en que se ha convertido la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es tan espantoso de ver que las historias y leyendas de la Revolución de Octubre y de cientos de años de lucha comunitaria y socialista llegarán a parecer un mero preludio a Stalin, a los gulags, a la muerte del pensamiento libre, de la dignidad y la decencia humana; y socialista se convertirá en un epíteto obsceno, y no se podrá imaginar ninguna alternativa a los desmanes del capitalismo.

Alexis: Es duro

Sergei: Muy duro.

Vodya: Me siento tan triste que no puedo expresarlo, abuelos. Contadme una historia.

Sergei: Conozco una bonita historia rusa…

Alexis: Hagan lo que hagan, en la gloria como en la ignominia, los rusos saben inventar grandes historias.

Sergei: Conozco una historia, pero solo puedo contar lo que ocurrió, no lo que significa: Vladimir Ilich Ulianov estaba muy triste. tenía diecisiete años y la policía secreta acababa de ahorcar a su hermano Sacha…

Sergei: … tenía diecisiete años y la policía secreta acababa de ahorcar a su hermano Sacha por su participación en un complot para asesinar al Zar. Como echaba mucho de menos a su hermano, Vladimir, que luego llegaría a ser el gran Lenin, decidió leer el libro preferido de Sacha: Una novela de Chernyeshesvky (leer Checheneski), cuyo título y contenido planteaban la eterna pregunta; la que planteó Lenin, y al hacerlo puso el mundo patas arriba; la pregunta que nos incita a la reflexión, y, si amamos al mundo, también a la acción; la pregunta que implica que algo está completamente equivocado en el mundo, y afirma que los seres humanos pueden cambiarlo; la pregunta que plantean los vivos, y, por lo que parece, también los muertos sin sosiego: ¿Qué hacer?

Vodya: ¿Qué hacer?

Alexis: Sí, ¿qué hacer?

 

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