Goles a precio de oro

Se demuestra que hay al menos un universo paralelo y posiblemente tantos universos como lelos

Ya no es una hipótesis de las teorías cuánticas. Hay, al menos, un universo paralelo. Es un hecho perfectamente demostrable sin necesidad de recurrir a abstrusas y complicadísimas ecuaciones matemáticas, a datos estelares solo interpretables por expertos próximos a la genialidad, o al microcosmos de la estructura atómica solo alcanzable con aceleradores carísimos  de partículas subatómicas. Existe el universo paralelo entre nosotros: el mundo del fúmbol (fútbol para los que dominan el idioma).

   Es éste un universo especialísimo que barre todas las leyes que regían la estructura social, económica, psicológica e ideológica presentes hasta hace poco más de un siglo::

   La división de clases ha sido quebrada, destruída en el reducido ámbito de un estadio de fúmbol (fútbol para los intelectuales). Ya oigo el griterío de los objetores: ‘’pero no se destruyen las clases, se reestructuran entre los seguidores del equipo A y los del equipo B; la lucha persiste y hasta puede volverse muy enconada’’. Acepto la objeción solo en el terreno de lo superficial. Los seguidores de un equipo están integrados por individuos de todas las clases sociales, formando un bloque enfrentado a sus rivales igualmente conformados tanto por señores de parné, como por zarrapastrosos que –mientras dure la liga– navegan en el mismo barco que exhibe la bandera (siempre gloriosa) del equipo propio. Pero es un universo paralelo porque el forofo volverá al día siguiente a su universo cotidiano. El fúmbol (fútbol para los que saben inglés) es un universo con leyes propias y restrictivas.

   En cuanto a la economía, el GNF (Gran Negociazo del Fúmbol), la producción de bienes cambia de sentido. No importa ya “producir cosas” , ni investigación científico-técnica, ni zarandajas ecologistas. La única técnica es la que promueve el míster para no producir nada (a no ser que un gol sea ‘algo’), y el único beneficio económico es el reportado a la junta directiva y el presidente del club (que suele coincidir con el dueño del club), subvencionados con nuestro dinero, engordados por las casas de apuestas que promueven la ludopatía,  por las especulaciones de los campeonatos y los abonos de miles de pardillos que  –en este caso– se llaman ‘socios’.

   Por fin, la ideología, la psicología colectiva e individual y el infinito orgullo de pertenencia al club es ajeno a la condició social de la clase a la que realmente pertenece. Vive, goza, sufre, muere –y mata, excepcionalmente–,  por ver las excelencias de once pedestrerastas que conseguirán como resultado una felicidad próxima al paroxismo, o un nuevo paciente para la consulta del psiquiatra en caso de perder un partido ‘’histórico’’ convertido ya en histérico.

   Es un universo diverso, disperso, converso y conexo fuente de todo bien y de todo mal. ¿Demostración?, los axiomas no requieren demostración, pero si queréis una, ahí está el final de la Liga Botín.