Homenaje a Vicente Carceller, director de “La Traca”

Secuencia de Franco en la cama con su guardia mora

Estos días Franco está de moda. Que si lo sacamos, que si donde lo metemos, que su familia no lo quiere, que si ¿todavía habrá para hacer caldo?… Como hay que andar con mucho ojo porque no se pueden hacer chistes del Valle de los Caídos y ahora con Pablo Casado volverán los oscuros cuervos de tu balcón sus nidos a colgar, pues nosotros volvemos con nuestro ídolo actualizado.

Franco en la cama con su guardia moraVicente Carceller, director de La Traca. A la izquierda, dibujos como éste le costaron la vida a él y al dibujante Carlos Gómez, “Bluff”, fusilados en Paterna en 1940. Ésos y algunos otros, aparte de obras inocentes y desternillantes que llevan por título: “La bárbara lujuria de la clerecía”, “Jesucristo, sangriento pelele”, “La ridícula Virgen María” o “Las mentiras de la Biblia”. A ver, podría haber elegido otros títulos más amables pero ¿para qué? Si al final los iban a fusilar igual. No sin antes ser torturados durante días para que delataran a otros colaboradores. Sin conseguirlo. Para que luego digan que los humoristas son unos mindundis.

Como una de las torturas sufridas es que tuvo que comerse una de sus revistas, nosotros estamos pensando en imprimir La Publicación a partir de ahora en papel y tintas comestibles, como las obleas. La negra con sabor a regaliz, la magenta a fresa, la amarilla a limón y el cian a pitufo. Sí, es un asco pero ¿qué otra cosa hay en color azul? Y por si se les ocurre meténoslo por el culo (con esa gente nunca se sabe), en papel cuché satinado de 90g.

Pero como nosotros no somos anticlericales ni antimonárquicos ni nada (somos más de cervezas y porretes, que lleva al conformismo y a experiencias místicas) se nos ha ocurrido pedir la beatificación de Vicent Miquel Carceller. O mejor su santificación: otro Sant Vicent.

Ya que entre el medio centenar de nuevas calles y la sustitución de los nombres franquistas, el actual ayuntamiento no se le ha ocurrido (que sepamos) ponerle su nombre a ninguna de ellas, bien está que lo haga la Iglesia, institución predilecta del artista. O también, puestos a pedir, ponerle su nombre a la plaza del Ayuntamiento, volver a sacar la estatua ecuestre de Franco vergonzantemente escondida en el patio de Capitanía, y fundirla para darle la forma de la caricatura de La Traca (incluido el manojo de plátanos en la cabeza). Eso sí es recuperar la Memoria Histórica.

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