Ribó aprueba la construcción del megazurullo del puerto

Folleto al barrio editado y distribuido por La Publicación en las elecciones muncipales.

MegazurulloHay que recuperar la confianza. Ése fue el llamamiento de los arquitectos que hace pocas semanas vieron rechazado en asamblea el PEC (Plan Especial del Cabanyal) que el ayuntamiento del cambio presentó a los vecinos del barrio.

Es innegable que tras dos décadas de sufrir las agresiones del ayuntamiento del PP, algo se está moviendo en el Cabanyal: concesión de licencias de obra, asfaltado, etc. Y eso a pesar del dogal que sigue ahogando el actual ayuntamiento en forma de deudas y compromisos –y estafas– contraídos en el pasado por el ayuntamiento de Rita. Una época y unos “gestores” a los que no queremos volver. También, el hecho de que las autoridades vengan al barrio a dar la cara y defender sus políticas es un cambio positivo que hay que agradecer. Enhorabuena.

Pero la confianza no se restaura solo con eso. Algunas actuaciones del actual ayuntamiento no pueden explicarse ni justificarse por el pasado, ni como dijo Rajoy, «por haberse topado con la realidad».

No es de recibo querer resolver los problemas de convivencia en el barrio primando la represión sobre las políticas de inclusión, mediación y ayuda a los vecinos en riesgo de exclusión o excluidos.

No es de recibo acusar a la “okupación” (una treintena de viviendas) de los retrasos y dificultades en la recuperación del barrio y que la ejecución de los planes de regeneración estén en un nivel ridículo, cuando el ayuntamiento tiene más de 400 viviendas y solares (620 entre las distintas administraciones) con posibilidades de rehabilitación o edificación. Y más cuando muchos de esos “okupas” dieron la cara en defensa del barrio frente a los bulldozers de Rita y Alfonso Grau.

No es de recibo la agresión al barrio que supone el PEC presentado, en el que se prima la construcción de nuevas viviendas y la destrucción del parque de Dr. Lluch frente a la rehabilitación.

No es de recibo mirar hacia otro lado mientras avanza la gentrificación (subidas del 30% del precio del alquiler en un año, proliferación de alquileres turísticos), el desembarco de inversores especulativos (Grupo Vértice, etc.) y la sustitución del tejido comercial del barrio (tiendas de ropa, peluquerías,…) por inmobiliarias, estudios de arquitectura y restaurantes “de diseño” orientados al turismo, como si el ayuntamiento no tuviera herramientas políticas para intervenir en esos procesos, como sí lo están haciendo otros ayuntamientos como Madrid, Barcelona o Palma de Mallorca. Y que no nos vengan con que son “las leyes del mercado”

Pero para eso hay que ser valiente, señalar los verdaderos problemas y responsables y hacerles frente.

Rectificar todo lo anterior es necesario para recuperar la confianza y nuestro apoyo. Pero no suficiente. En este año escaso se han sucedido tres hechos muy preocupantes.

Plan especial de ayuda al “empleo joven” en el Cabanyal 2017: la compra de 300 trajes de Ronald McDonald para camareros en las hamburgueserías de la Universidad Europea.

El primero fue el intento, nunca aclarado, de dinamitar el barrio construyendo una universidad privada norteamericana, de muy dudosa reputación y con multitud de demandas, la mal llamada Universidad Europea, con la que desembarcarían más de 4.000 estudiantes de alto poder adquisitivo con la consiguiente subida de precios, gentrificación y cambio del tejido comercial; proyecto por el que este ayuntamiento apostó descaradamente. De esa amenaza nunca más se supo.

El segundo es el Plan Especial del Cabanyal (PEC), que a estas alturas no sabemos si el ayuntamiento y el alcalde lo apoyan o no, si está en tramitación o ha sido retirado, si ha sido un globo sonda para valorar la respuesta del barrio o ha sido un “error” como ha llegado a calificarse… aunque más que un error, después de la nota publicada por los arquitectos tras la asamblea y las declaraciones confusas de algunos políticos, más bien debería llamarse una tomadura de pelo. Si “no te gusta”, no lo presentes, pijo.

– «Hola, soy Santiago Calasparras y estoy muy agradecido de que por fin se edifique un rascacielos de mierda en el Grao. Ojalá lo construya yo con mi equipo, así tendréis sobrecostes, goteras y andamios hasta el 2053».

El tercero es el proyecto demencial de construir un mega-zurullo de 30 plantas frente al emblemático Edificio del Reloj en el puerto. De aberrante lo han calificado algunos socios de gobierno del alcalde y el 99% de los vecinos y comerciantes con los que hemos hablado coinciden en que, si bien apoyan los proyectos de revitalización de la zona, ese edificio les parece una monstruosidad y debería primarse el uso de los tinglados.Hay que tener un gusto estético muy “peculiar” –o intereses de otro tipo– para afirmar que ese mamotreto estará “perfectamente integrado en el entorno” como ha afirmado el alcalde. A menos que se refiera al entorno urbanístico y la cultura del pelotazo de la Ciudad de las Ciencias, de la Copa América o de la Fórmula 1. Ahí sí. Pero confiemos en el buen criterio del ayuntamiento porque avisamos: ese edificio no se va a construir.

Y quien piense que lo que ocurra en el Grao o en otras partes de la ciudad no afecta al Cabanyal está muy equivocado. Por eso creemos que este alcalde debe dar explicaciones sobre estos tres hechos y rectificar todo lo anterior. Así sí se podrá recuperar la confianza, cosa que deseamos tanto como él.

 

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