Otra estafa en la Marina de Valencia. Y van…

Los talleres participativos han sido un paripé para  justificar que se consulta a los ciudadanos

Parece que las hormigoneras ya funcionan a toda paleta en la Perla del Túria: que si el PAI de Benimaclet y sus torres, que si el PAI del Grao y sus más torres (que solo esperan el último empujoncito), que si el Parque Central y sus torríssimas… Y ahora el alcalde pedáneo de la Punta se rebela contra nuestro Alcaldíe por mearse en sus compromisos electorales.

Vamos a tener que dedicarle algún espacio a estos temas. De hecho, contactamos con los compis de La Punta, Benimaclet y  Ruzafa. Con Ribó lo intentamos en noviembre (cri… cri… cri…). No nos sorprende, ya lo intentamos el año anterior (fiuuuuu, viento y bolas de rastrojos por el desierto de Arizona).

Pero aquí tenemos el reportaje del becario, al que enviamos en diciembre a los Talleres de Participación Ciudadana “Imaginem la 3” (tacháan). Ahí es ná. Si pensáis que es un tema localista del Grao, estáis equivocados. Lo aclaró Vicent Sarriá en persona, consejal de Desarrollo Urbano y presidente del Gremio Hormigonero de Valencia: «Nosotros no vamos a hacer modificaciones urbanísticas. Solo vamos a construir todo lo que aprobó el PP con Rita Berberá».

Y sin más, la opinión del becario sobre el futurocomplejo hotelero de 30 alturas en La Marina.

Los “talleres participativos”

Megazurullo de Joan Ribó
Los “talleres participativos secretos” dieron a elegir entre el diseño “pino plantado”…

En resumen: esos talleres son un paripé, una estafa con las que justificar sus fechorías urbanísticas con una supuesta convocatoria a los ciudadanos.

1. Nadie se enteró de la convocatoria (nosotros lo hicimos de chiripa). Hemos pedido información de cómo se convocó y (bzzzz, el vuelo de una mosca).

2. Se hizo con inscipción previa cerrada, de forma que los que se enteraron tarde pensaron que ya no podían asistir.

3. En el momento de máxima asistencia (hubo 4 sesiones) éramos 16, contando arquitectos, constructores y frikis, cuando se supone que hubo cientos de peticiones y consultas.

4. Estuvo presente todo el abanico de posiciones: constructoras, inversores, arquitectos, vecinos curiosos y los que nos oponemos a la construcción del complejo hotelero. Pero dejaron clarinete que el objetivo no era consultar a los ciudadanos sino ver qué “mejoras” proponía la gente para un proyecto que iba adelante “sí o sí”. Palabras del Alcalde te alabamos Señor.

5. En la última sesión se iba a clasificar las propuestas en imprescindibles, recomendaciones y a valorar, o algo así, para supuestamente incorporarlas al pliego de condiciones del concurso público. Éramos 10 y nos fuimos la mitad: los que no queríamos seguir participando en esa farsa. Fue curioso porque en varias ocasiones se cuestionó nuestra “representatividad en el barrio” con ese quórum, ¡no te jode!

… o el diseño “caguerà de bou quan plou”. Menos alturas pero sobre más superficie.

Quedaron: el representante de los constructores o de un grupo empresarial (no me quedó claro pero tenía más información sobre el proyecto que los propios organizadores); un par de arquitectos interesados en “hacer un edificio de referencia como en Europa” (sic), el típico vecino que se apunta a todo, y un depistado que después de 4 sesiones todavía no sabía a qué había ido. Que no se les ocurra a Vicent Sarriá o a Joan Ribó tener el morro de decir que “se ha consultado a la ciudadanía”, como ya han hecho con el procés de Benimaclet, porque la vamos a liar.

Lo que quedó claro

Las posturas se pueden resumir en 3:

1. Inversores, constructoras y Ayuntamiento quieren sacar pasta construyendo en suelo público explotando un negocio privado  y privatizando servicios públicos: ceder suelo público a una empresa privada para construir un complejo hotelero a cambio de un cánon anual. El típico negocio de la escuela concertada. “Colaboración público-privada”, lo llaman. Ofrecer en ese complejo hotelero servicios orientados al turismo, incluyendo algunos de los servicios que demanda la ciudadanía, pero bajo gestión privada, orientada a sacar el máximo beneficio (locales comerciales y de ocio, etc.). Y hacerlo en altura: «un edificio emblemático que vuelva a colocar a Valencia en el mapa, que se vea en la distancia desde los cruceros turísticos y sea un referente arquitectónico del nuevo Ayuntamiento», a lo Calatrava.

2. Minimizar al máximo el impacto tanto visual como sobre el entorno social y comercial del barrio. Si va a ser inevitable, edificar menos alturas y m3, favorecer la gastronomía de proximidad, no un centro comercial que compita con el barrio con franquicias tipo Burger King. Que considere las necesidades del barrio y la ciudad más que orientado al turismo, con locales de reunión para jóvenes, biblioteca, salas de ensayo, auditorio para los Ateneos musicales, etc.

3. No edificar porque:

a) Es un terreno encajado entre varios edificios emblemáticos de escasa altura y gran valor arquitectónico: el Edificio del Reloj, la antigua Estación Marítima y el Tinglado nº 4. Un edificio de más de 30 plantas es un disparate urbanísitico. Además, la perforación para los cimientos de un rascacielos en el terreno fangoso del Puerto sería costosísima y afectaría inevitablemente los cimientos y estabilidad de esos edificios colindantes.

b) Los servicios públicos que se proponen ya se ofrecen en otros proyectos de La Marina (Biblioteca, Escuela naval, Museo del Mar, etc.), o pueden instalarse en otros edificios públicos a pocos metros: el edificio de La Base (antigua base del Alinghi en la Copa América) o Las Naves en Joan Verdeguer, están infrautilizados o incluso semiabandonados. La rehabilitación de las naves colindantes en J. Verdeguer costaría menos que la cimentación del hotel y ofrecería varios miles de m2 utilizables. Otras propuestas como el auditorio para los Ateneos musicales del Marítimo pueden ubicarse dentro del barrio.

c) La necesidad de reducir la deuda municipal en La Marina prácticamente desaparece si, como ha acordado el gobierno central, se condona la deuda que contrajo el anterior Ayuntamiento saqueador del PP.

d) A nosotros nos gusta el libre mercado, no el saqueo de las propiedades públicas. Si tanto les gusta a los empresarios, que hagan sus negocios a precio de mercado y no chupando de recursos publicos. A 100 metros de la parcela que quieren apropiarse hay varios solares edificables que pueden comprar, eso sí, a precio de mercado.

e). Queremos los servicios públicos bajo gestión pública, con criterios de utilidad pública y no de beneficio privado, y bajo supervisión ciudadana a través de consultas y asambleas. En el proyecto incialmente presentado, el salón de banquetes del hotel ocupa más espacio que el dedicado a todos los servicios y equipamientos públicos.

f) Queremos que los espacios abiertos en La Marina sean para uso y disfrute de la gente y que los negocios que se establezcan no sean los de un centro comercial típico que compite y arruina los locales del barrio o el futuro mercado del Grao, ya bastante castigado por este Ayuntamiento y los anteriores.

g) Frente a favorecer grandes grupos inversores, potenciar la vida social y cultural con inversiones y facilitando la rehabilitación y renovación del barrio. No es admisible que quieran licitar el complejo hotelero a toda prisa mientras las licencias de obra de viviendas particulares están tardando más de un año en otorgarse “por falta de personal”. ‚Para lo otro sí hay personal? Favorecer la rehabilitación y la pequeña construcción de viviendas favorece la regeneración del barrio y da trabajo a pequeñas empresas y autónomos: albañiles, electricistas, fontaneros,… todo ello paralizado durante 16 años por Rita Barberá y estos últimos 4 por Joan Ribó.

Algo huele a podrido cuando Ayuntamiento, alguna asociación vecinal (que se parece cada vez más a un lobby de propietarios) y medios de comunicación oficiales se empeñan en focalizar en exclusiva los problemas del barrio en la convivencia, los okupas y el tráfico de drogas, y ocultan que el principal problema es que los alquileres han subido un 50% en 4 años y los fondos de inversión se están apoderando del barrio y echando de sus casas a la gente más humilde. Esa actitud insolidaria es comprensible para los propietarios que ven revalorizadas sus casas, pero es injustificadble para el Ayuntamiento, a menos que existan otros intereses (urbanísticos) inconfesables.

Los organizadores nos explicaron que las Jornadas no eran el lugar apropiado para oponerse a la construcción del complejo hotelero, que si queríamos insistir había otros medios y otros canales. Es cierto, así que nos vamos a poner manos a la obra. Ya lo hicimos contra otros intentos de saqueo urbanístico y privatización de suelo público, como la mafiosa Universidad Europea hace dos años o el intento de destrucción del Parque Dr. Lluch el año pasado. O contra la destrucción del Cabanyal durante 16 años. Para empezar he vuelto a pedir audiencia a Su Santidad pero… (…ha pasado un ángel…). Así que contactamos con otros barrios afectados y le echamos lo que no nos falta: imaginación. Iremos informando.

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