¿Sabes quién fue realmente Jaume I?

Es muy fácil reirse de las patrias de los demás pero…

¿Sabes realmente quién fue Jaume I?

Hace pocos días andábamos celebrando el 9 d’Octubre, el día en que el Rei En Jaume, fundador del Reino de Valencia, entraba victorioso y entre aclamaciones en la ciudad capital.

Bueno, no fue el 9 d’Octubre ni fue entre aclamaciones precisamente, pero qué mas da… Así que como hasta ahora ya hemos confraterniazado con los nacionalistas español, catalán y pancatalanista, ahora lo remataremos con los del cap i casal.

Allá vamos.

Primero, Jaime I no fundó ni reino ni patria que lo fundó. En todo caso lo manruco su status para limitar el creciente poder de los nobles, principalmente aragoneses, que participaron en la conquista. El Reino de Valencia ya venía fundado de casa. El primer rey de aquí con su coronita, su moneda y todas las cositas propias de un reino fue un tal Leovigildo, un visigodo buen mozo que acuñó moneda como rey de Valencia, “Livvigildus Rex Valenta” en latín, allá por el siglo VI. Eso en cuanto a reino visigodo. En cuanto a reino moro, se formó con las primeras taifas tras la descomposición del califato de Córdoba, y sus primeros reyes fueron Mubarak y Muzafar, dos tipos muy majos de origen eslavo. Eso sí es multiculturalidad: vinieron desde Rumanía o por allí a alicatar el baño y dijeron: «ya si eso nos quedamos y nos hacemos reyes». Valencia, tierra de acogida y de oportunidades.

Luego vino la dinastía amirí, luego vino el Cid, un señor de Burgos que pasó por aquí. Como ni era rey ni ná, Valencia dejó de ser capital de reino. Volvimos a 2ª División. Si es que los castellanos nunca traen nada bueno. Y luego volvieron a reinar los moros, con sus turbantes tó grandotes como mitras cardenalicias. Resetearon Valencia y volvió a ser capital de reino. De taifas pero reino. A ver, no era gran cosa pero tampoco era el reino de Tavolara.

Esos nuevos eran los almohades. Luego vinieron los almorávides, que después de varios líos entre ellos, enfrentamientos, matanzas, guerras, traiciones , “y tú más”, etc. (como se nota que ya se sentían españoles) vino Jaume I, Rey de Aragón y héroe nacional de Cataluña por aclamación, en plan Messi, a apoderarse de estas tierras.

Pero no vino a crear escuelas y levantar el país sino a someter al vecindario a servidumbre y cosas peores. A robarle sus tierras y casas (ver Llibre del Repartiment) y a levantar iglesias y monasterios. Bueno eso lo tuvieron que hacer los moros sometidos mientras ponían a las moras a “servir” a los monjes. De esos fértiles intercambios florecieron poblaciones como Benifairó y Simat en la Valldigna. El monasterio cistercense de Santa María fue, digamos, muy fecundo. Algunos diréis «es que de Cataluña tampoco se puede esperar nada bueno». Error. La mayoría eran nobles y mercenarios aragoneses, castellanos y navarros. Las hordas catalanas en su mayoría estaban enredadas en el genocidio mallorquín. Pasa que en el s.XIX un tal Prosper Bofarull, archivero del Reino, falsificó el Llibre de Repartiment de Jaume I para dar mayor peso a las huestes catalanas en la conquista de Valencia. Un engaño descubierto por Antonio Ubieto, medievalista y Catedrático de las Universidades de Valencia y Zaragoza, y que le valío persecución y amenazas a él y a sus hijos por parte de ultras del independentismo, que como pasa con los “blaveros”,  también está salpimentado de fachas, no todo va a ser cívismo y pacífismo.

Pero volvamos a la conquista de Valencia. Pues fue lo de siempre. Como la conquista de América pero a lo burro. Fue tal el descalabro que Valencia tardó décadas en recuperarse. El 20% de la población fue expulsada o huyó por temor a las masacres y saqueos de los cristianos. Éstos apenas suponían el 5% y no venían a doblar el lomo precisamente, sino a por los bienes de los huidos o expropiados.

Como ya se ha dicho, en su afán de limitar el poder de la nobleza, Jaume nos legó unos fueros con sus leyes, usos y costumbres que reconocían la condición de Reino a Valencia. Como normas eran bastante reguleras en comparación con las leyes musulmanas anteriores. Incluso con la Constitución de ahora, que tampoco es para echar cohetes.

¿Y qué más decir del bon rei en Jaume, pare de la Pàtria, caudillo de las huestes de bárbaros del norte que nos invadieron hace casi 800 años, evento que celebramos con orgullo, satisfacción y regocijo, que por lo visto nos va la marcha y somos muy de celebrar invasiones (25 abril, 23 de mayo, etc.)? Pues que fue un fanático ultrarreligioso. Fue el primer impulsor de la Inquisición e inventó de las Fallas, con quema de herejes como ninots incluida. Aunque era un ultracatolícón meapilas adoctrinado por los templarios, fue excomulgado dos veces, una de ellas por cortarle la lengua al obispo de Girona por bocachancla (veis, eso sí tuvo gracia).

Pero donde se retrató fue en la conquista de Baleares, que haría palidecer de envidia al general Yagüe, el carnicero de Badajoz, o a Leopoldo de Bélgica, el genocida del Congo. Las matanzas acabaron con la vida del 80% de sus habitantes, y los supervivientes fueron vendidos como esclavos y dispersados por todo el Mediterráneo, pero antes se echó unas risas decapitando al hijo del gobernador, de 16 años, ante sus ojos, y luego lo torturó durante casi dos meses hasta su muerte (al gobernador, no al hijo, ése ya ni sentía ni padecía, el pobre). La isla quedó prácticamente desierta por las epidemias que diezmaron a los invasores porque eran un poco flojitos para cavar y había mucho cadáver. Posteriormente la isla tuvo que ser repoblada por gentes de l’Ampurdà y de otros sitios, por eso la participación catalana en la conquista de Valencia fue comparativamente reducida.

Algunos pensaréis que al menos Él (con mayúscula y negrita) nos ha librado de regirnos por la sharia y el Corán 800 años después, que las mujeres valencianas no van cubiertas con un burka, que podemos comer jamón y beber vino,… pero a lo mejor a cambio tendríamos como rey al Mojamé Yasin, el hijo de la Tomasa, y eso merece cualquier sacrificio.

Y para rematar, un poco más de historia. El Jaume nunca llevó el yelmo ése del dragón que aparece en todas las estatuas, pinturas y demás santerías, a lo Paco Clavel o Carmen Miranda. Eso fue un invento de Pedro II el Ceremonioso, también conocido como el “rei del punyalet”, famoso por asesinar a sus adversarios. Y también por su obsesión por el protocolo: fue el que inventó el casco, la franja azul y la coronita en la senyera, las dos “L” y el murciélago en el escudo… era muy aficionado a poner bichos muertos sobre las cosas, por eso se inventó lo del fardatxo del casco.

Así que a los que trabajáis con niños: por favor os pedimos que no les dibujéis ni les hagáis dibujar al Jaume con ese casco ridículo, que además  de antihistórico os sale como una paloma atropellà o una patética polla flácida.

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